sábado, 11 de abril de 2009

La atención de la salud en Colombia: Un S.O.S para recuperar los valores de la medicina



La atención ofertada en las instituciones prestadoras de servicios de salud debería ser un motivo de reflexión permanente en torno al rigor con que se asumen en la actualidad los compromisos derivados de los principios que sustentan la práctica médica y que supuestamente son asumidos en forma voluntaria y espontánea en el momento en que recibimos el título que nos consagra como responsables de la salud y la vida de nuestros semejantes, así como frente al rigor y calidad de la educación proferida en los claustros universitarios.

“… ejercer mi profesión dignamente y a conciencia, velar solícitamente y ante todo por la salud de mi paciente, hacer caso omiso de las diferencias de credos políticos y religiosos, de nacionalidad, de razas, de rangos sociales evitando que se interpongan entre mis servicios profesionales y mi paciente…”, parecen haberse convertido en simples frases de cajón que no tienen una repercusión verdadera en la atención médica.

¿Dónde quedan la primacía del bienestar del paciente sobre cualquier otro interés del médico o de las instituciones del sistema de salud y la obligación del médico de garantizar la aplicación de los criterios de justicia social, incluyendo la distribución equitativa de los recursos y la eliminación de cualquier forma de discriminación en el cuidado de la salud, como principios fundamentales del profesionalismo médico?

¿Cómo se entienden las responsabilidades profesionales contempladas en las declaraciones sobre profesionalismo médico en términos del compromiso con la competencia profesional, la honestidad con el paciente, el mantenimiento de una relación adecuada con el paciente, el mejoramiento continuo de la calidad de la atención, la garantía de un acceso equitativo a los servicios sanitarios, la distribución adecuada de los recursos disponibles en el sistema, la integridad y el uso apropiado del conocimiento científico?

Basta una mirada a vuelo de pájaro del funcionamiento de la consulta de atención primaria de cualquiera de las instituciones prestadoras de servicios de salud en nuestro país para concluir con pesar que los principios y valores que pretendemos inculcar en nuestros estudiantes a lo largo de la formación médica se ven desvirtuados sin consideración por lineamientos administrativos que buscan garantizar eficiencia y productividad antes que salud y bienestar.

Estos y otros interrogantes acerca de la calidad de la práctica médica cuestionan la calidad del desempeño profesional y de la educación impartida a los estudiantes en las universidades y nos deben hacer reflexionar acerca de la pérdida del liderazgo que nos correspondería en forma natural frente al cuidado de la salud y la vida de los seres humanos.

Quizás estas palabras solo sean otro llamado de atención para que recuperemos el liderazgo frente a nuestra responsabilidad como guardianes de la salud y la vida de nuestros congéneres, sin embargo, vale la pena hacer el esfuerzo para que una profesión con tantos valores y pergaminos no se vea relegada a una ocupación de manufactura en la que predominen estándares administrativos frente a calidad humana y científica que constituye la esencia de la misma.