jueves, 23 de abril de 2009

Día de la Lengua Española: Cervantes ¿Médico escritor o Escritor médico?


Hoy se cumplen 393 años de la muerte del padre de la lengua española, Don Miguel de Cervantes Saavedra, siendo el 23 de abril la fecha elegida por mandato legal para honrar la vida del más grande de los autores españoles y resaltar la importancia de esta lengua en el contexto internacional.

A propósito de la celebración de este onomástico y de la importancia del buen uso de la lengua como elemento clave de la comunicación y como una de las competencias de mayor relevancia en el ejercicio de la profesión médica, quiero compartir con ustedes algunos apartes de un documento titulado "Miguel de Cervantes Saavedra: ¿Médico escritor o Escritor médico?, publicado en internet por Guillermo Enrique, María Eugenia y Alberto Enrique D´Ottavio, el cual revela la estrecha relación existente entre dos áreas que a primera vista parecieran tan distantes: la medicina y la literatura.

"Dado que la escritura constituye una actividad vívidamente humana; un campo fértil que permite verter vivencias, pensamientos y saberes, hay quienes suponen que el ejercicio de la Medicina influye en ella en virtud de que su práctica profesional gira de continuo en torno al dolor, a la enfermedad, al sufrimiento, a la soledad, a la sexualidad, a la incomprensión, a la locura y a la muerte, entre otras humanas vicisitudes y que las mismas han sido, son y serán abordadas en novelas, comedias, dramas, cuentos, ensayos y poemas.

Fiel a su humanismo, de la producción cervantina surge su menosprecio por los médicos malos pero, a la par, su admiración por los buenos profesionales, emergen duras reflexiones acerca de la abundancia de estudiantes de medicina en la Universidad como en su obra El coloquio de los perros (cabe subrayar que en 1604 había 2.000 estudiantes de Medicina sobre un total de 50.000 universitarios) y se hace palmaria su tendencia a visualizar la enfermedad como proceso natural y no, como resultado de una participación teológica. Para él, la enfermedad se torna evidente de alguna manera, físicamente o en la conducta del paciente y es contagiosa (también la psíquica).

En El Quijote en particular, se patentizan sus aptitudes para observar y analizar debido a la ilustración médica que indudablemente tenía y que, como sabido es, resultan claves para la metodología científica. Desfilan, así órganos, síntomas, signos y enfermedades: sordera, cataratas (“ya que el maligno encantador…, ha puesto…cataratas en mis ojos…”), tos, neumonía, fiebres varias (terciana y cuartana del paludismo y otras), pulso, próstata, litiasis renal, hepatitis, reumas y muerte aparente. A su vez, en El casamiento engañoso y en su continuación: El coloquio de los perros es una enfermedad venérea la que atraviesa estos relatos.

Si bien Villechauvaix (1898) afirma que fue médico, lo más probable es que, sin serlo, en tales conocimientos influyeran tanto su padre D. Rodrigo de Cervantes (para algunos: barbero-cirujano y para otros, médico-cirujano) quien le legara casi una decena de libros médicos que figuran en el inventario de su posible biblioteca, como su hermana Andrea, enfermera. Corresponde señalar aquí que, en tiempos de Cervantes, había cirujanos de academia (quienes habiendo pasado por la Universidad o por los Estudios Generales, alcanzaban el grado de licenciado en Medicina y tenían derecho a transporte equino) y cirujanos de cuota o de a pie (cuya sabiduría procedía de la escuela de la vida y quienes adquirían derecho de ejercicio mediante el pago de 4 escudos).

En síntesis, si bien hoy no podamos enrolar a ciencia cierta a D. Miguel de Cervantes Saavedra entre los médicos - escritores españoles bien podríamos ubicarlo entre los escritores - médicos; esto es, aquéllos que, sin licenciarse en Medicina, saben lo suficiente como para abordarla y como para escribir correctamente y a gusto sobre ella."

Médicos escritores o Escritores médicos, el orden de los factores no parece alterar el producto de una relación tan íntima y al mismo tiempo tan distante entre la más pretenciosa de las ciencias y la más veleidosa de las artes.