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viernes, 23 de abril de 2010

El primer libro


Fuente: UNESCO

En julio de 377, los religiosos Seokcan y Daldam, utilizaron tipos móviles metálicos para imprimir el Jikji, un trabajo de su maestro, el monje coreano Beagun Hawsang, que en 1372 recopiló en dos volúmenes las enseñanzas esenciales del “Seon”. Este trabajo, que luego dio lugar al llamado budismo zen en Japón, es el ejemplo más antiguo de un libro producido con tipos metálicos móviles y en 2001 fue inscrito en el Registro Memoria del Mundo con el nombre de “Buljo jikji simche yojeol (vol. II).”

El volumen que ha subsistido, conservado en la Biblioteca Nacional de Francia, contiene sólo 38 páginas, en tanto que una versión completa de los 307 capítulos de la “Antología de las enseñanzas de los grandes sacerdotes zen” se conserva en una impresión hecha con tipo de madera en la Biblioteca Nacional de Corea.

Esta obra religiosa, impresa en el antiguo templo Heungdeok-sa de la ciudad de Cheongju con fondos donados por la sacerdotisa Myodeok, es casi ochenta años anterior a la Biblia de Gutenberg, el primer libro impreso en Europa utilizando los tipos móviles, una tecnología que perduró prácticamente intacta durante 350 años. En Europa, el descubrimiento de esta tecnología desencadenó toda una serie de cambios sociales y culturales, incluyendo la Reforma. En Corea existen indicios que permiten afirmar que esta técnica se utilizaba desde antes de 1377, aunque el trabajo de los impresores se ha perdido.

El manuscrito Jikji permaneció en la colección de Collin de Plancy, encargado de negocios de la embajada de Francia en Seúl, hasta 1887. Vendido en una subasta en París en 1911, fue adquirido por el coleccionista Henri Véver, que, a su muerte en 1950, se lo donó a la Biblioteca Nacional de Francia, donde se conserva hoy.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Más de la relación médico paciente


Siguiendo con el tema, transcribo a continuación algunas reflexiones adicionales en torno a la importancia de una adecuada relación médico paciente, publicadas en la página electrónica de la Federación Colombiana de Asociaciones de Ginecología y Obstetricia:

"En muchos aspectos, la medicina que disponemos hoy en día es la mejor que alguna vez haya existido. La tecnología, la especialización y los avances en la investigación y en la práctica han aumentado en forma fantástica los recursos disponibles para la atención.

Varias encuestas a gran escala demuestran que la mayoría de los pacientes está satisfecha con la calidad de atención de su salud, sin embargo, dentro de este amplio panorama de satisfacción y de calidad de atención subsisten algunas importantes áreas de riesgos potenciales asociados con la nueva cara de la medicina moderna:

• Aumento en la tecnología, disminuyendo el lado "humano" de la atención.

• Aumento en las presiones de tiempo, disminuyendo el tiempo de contacto con el paciente.

• Aumento de la especialización, disminuyendo las relaciones de largo plazo con los pacientes.

• Aumento de las expectativas de los pacientes en cuanto a información y/o participación.

Las primeras tres particularidades descriptas pueden resultar en una atención percibida como impersonal, aún deshumanizada. El cuarto factor, especialmente cuando se combina con los otros tres puede resultar en una significativa insatisfacción del paciente con sus riesgos asociados: quejas , cambio de médicos, incumplimiento de las indicaciones y hasta juicios por mala praxis.

¿De qué se quejan los pacientes?

“No me preguntó mi opinión”,“No me explicó hábitos saludables”,“No me explicó efectos adversos”, “No me revisó”, “Me hizo esperar demasiado”, “No alentó preguntas”, “Estaba siempre apurado”, “No le preocupaban mis emociones”

Dado este estado de la medicina moderna, la calidad de la relación médico-paciente cobra aún mayor importancia. El médico de hoy en día está menos propenso a establecer confianza y compromiso entre los pacientes como una parte natural del proceso de atención de la salud. Hoy también es menos probable que los pacientes estén satisfechos y cooperativos si el médico no dedicó explícita atención a la calidad de la relación.

El diálogo como mediador de la relación médico paciente

A propósito del tema de la comunicación entre el médico y el paciente, recomiendo la lectura del artículo "El diálogo como mediador de la relación médico paciente", un conjunto de valiosas reflexiones del doctor Francisco Bohórquez, Médico Internista de la Universidad del Cauca, que refuerza la importancia de la comunicación como competencia fundamental de los profesionales médicos, del cual transcribo a continuación algunos fragmentos:

"La relación médico paciente ha sido considerada el acto central de la actividad clínica y el escenario principal de la medicina. Más allá de los conocimientos científicos y desarrollos tecnológicos, básicos para la práctica médica e imprescindibles en la formación del médico y demás profesionales de la salud, el diálogo se ha constituido desde la antigüedad en la base de la entrevista clínica, la guía para la exploración del paciente y en el medio terapéutico fundamental.

Este trabajo explora el rol clínico, pedagógico y curativo de la comunicación entre médico y paciente cuando se desarrolla como diálogo y conversación; diferenciándola de procesos como la discusión y otras formas de comunicación menos interactivas y transformadoras. Se establece el papel dialógico y dialéctico de esta interacción, que permite descubrir el sentido que tiene la enfermedad, motivando comprensión, acuerdos y aprendizajes recíprocos que hacen de la comunicación médico paciente un proceso pedagógico dialogante.

Se propone enfatizar y desarrollar explícita y sistemáticamente procesos y prácticas en las escuelas de medicina y en programas de educación continuada; que permitan elevar la conciencia de profesores y profesionales de la salud, de la trascendencia formativa que tiene el diálogo para la práctica clínica."

Artículo completo en:

miércoles, 16 de septiembre de 2009

"La jerga médica"

Aspectos legales de la comunicación médica

Indagando acerca de la comunicación médica y sus implicaciones en la relación con los pacientes, los colegas, otros profesionales e incluso con los representantes de la administración de justicia y de la ética profesional, encontré este ingenioso texto de Claudia Tarazona que recoge con gran maestría los conceptos actuales sobre el tema:

"Cómo nos sentimos cuando el médico usa jerga, abreviaturas….. ¿ofendidos? ¿desplazados? Pensamos “no quiere que entienda o que haga preguntas”, “¿tendré algo malo?” “¡qué incertidumbre!” (Frase del cirujano al anestesista: “andá durmiéndolo que ya vengo”) Una vez más estas situaciones se repiten en diversos lugares del mundo. En Londres algunos enfermeros encuestados confesaron que en las recetas “sólo se entienden las primeras letras. El resto es garabato y sólo lo entiende el farmacéutico”. Como vemos no sólo se trata de jerga sino de caligrafía también.

La obligación del médico, la denominada “duty of care” implica informes claros, precisos. La ambigüedad en un texto (una sigla puede tener varios significados) quebranta el “standard of care”.

Esto ha llevado a muchos médicos a los tribunales por causas de mala praxis por varias razones, entre ellas los malos entendidos y por otro lado por la acción de los “ambulance chasers”. En un congreso sobre emergencias llevado a cabo en Buenos Aires en mayo el Dr. Frederick Blum, presidente electo de la American Society of Emergency Physicians comentó sobre las elevadas cifras que pagan los médicos en concepto de seguro, y la práctica de la llamada medicina defensiva o CYA medicine para cubrirse de la acción de esos abogados que son, como él los llamó, “vultures”.

Volviendo al campo de la lengua, puede ser que el médico ahorre tiempo al usar abreviaturas, pero debe considerar el daño potencial para el paciente si éste tiene acceso a dicho informe. Esto es tan serio que muchas empresas de seguros desaconsejan el uso del slang en los informes médicos o delante de los pacientes o sus familiares. Como dice el Académico Alberto Agrest en una publicación de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires : “El lenguaje verbal o gestual puede ser malinterpretado. El médico debe estar alerta a esta circunstancia”. (“I don´t appreciate your swelling”).

BBC News Online relata el caso de un médico que había escrito “TTFO” en un informe. Una forma elegante de decir “told to go away”, refiriéndose a un paciente problemático. Muy hábilmente cuando el juez le pidió que explicara la sigla dijo que significaba “to take fluids orally”, y salió del paso airoso."

El lenguaje médico: Implicaciones en la Relación Médico - Paciente

Con frecuencia se hace referencia a la mala calidad de la escritura de los profesionales de la medicina, haciendo énfasis en las dificultades para su comprensión por parte de los pacientes por medio de la expresión peyorativa "letra de médico".

Independiente de la veracidad o no de las afirmaciones en tal sentido, existe otro elemento fundamental de la comunicación entre el médico y el paciente, en el que con frecuencia, se presentan dificultades de igual magnitud, o aún mayores, que las escriturales: el ámbito de la comunicación verbal.

Y es que la jerga utilizada con cierta prepotencia por parte de los médicos, para darse un aire de pretendida importancia frente a los pacientes o a otros individuos legos en la medicina, dista mucho de ser el vehículo de comunicación adecuado para transmitir la información requerida para la comprensión de la enfermedad acaecida por los mismos y, aún más grave, para la práctica adecuada de las medidas necesarias para la recuperación de la salud.

Hay que trabajar en el mejoramiento de las competencias comunicativas, un pilar fundamental de la actuación profesional.

La empatía: Una competencia médica básica


Para algunos autores, la empatía es una emoción que debe ser cultivada en los estudiantes de medicina como una habilidad necesaria para garantizar la relación médico - paciente. Spiro postula que debe ser considerada como pilar fundamental del cuidado de la salud y el núcleo central de las competencias profesionales, por lo que debe intentar desarrollarse en los futuros médicos a partir de experiencias educativas que fortalezcan la concepción del acto médico como un acto esencialmente humano.

¿Qué estamos haciendo los educadores médicos para promover el desarrollo de la empatía en nuestros estudiantes?

Comentario Completo

Spiro H. Commentary: The practice of empaty. Academic Medicine. 2009. 84(9):1177-1179.

viernes, 11 de septiembre de 2009

La salud: Un derecho fundamental


La Sala Segunda de Revisión de la Corte Constitucional, profirió la Sentencia T-760 de 2008, donde resolvió veintidós acciones de tutela, en las que se solicitaba proteger el derecho a la salud. Veinte de ellas, fueron presentadas por personas que requerían acceder a un servicio de salud. Las dos restantes fueron presentadas por una EPS (Sanitas) que pedía al Ministerio de la Protección Social, en un caso, y al Consejo Superior de la Judicatura, en otro, que se ajustara la regulación en materia de recobros al Fosyga.

La Sentencia T-760 de 2008 tiene 411 páginas, en la cuáles se incluyen dos anexos (uno con los antecedentes detallados de cada uno de los casos y pruebas decretadas por la Corte, y otro con la génesis y evolución del derecho a la salud en el ámbito internacional e interamericano, principalmente de los tratados que forman parte del bloque de constitucionalidad). En la sentencia se resuelven 13 problemas jurídicos, nueve de ellos derivados de los casos concretos, 4 de ellos atinentes a las fallas en la regulación y en la vigilancia del sistema de salud.

A manera de resumen, La Corte Constitucional reiteró que “el derecho a la salud es fundamental”. Ello no significa que sea absoluto. Sin embargo, como cualquier derecho fundamental, la salud tiene un núcleo esencial que debe ser garantizado a todas las personas. Además, el ámbito de dicho derecho puede ser objeto de limitaciones que, para ser admisibles, deben estar justificadas a la luz de los principios de razonabilidad y proporcionalidad.

Dice la Corte que el derecho fundamental a la salud, comprende, entre otros, “el derecho a acceder a servicios de salud de manera oportuna, eficaz y con calidad, una utopía que parece alejarse cada vez más de la realidad.

Más información:

viernes, 22 de febrero de 2008

Salud y conflicto armado


La relación existente entre estas dos variables ha tomado gran relevancia en Colombia a raíz de la publicidad que ha generado la liberación de los secuestrados por parte de grupos armados en conflicto y de los indicios, visibles a través de los medios de comunicación, de las alteraciones de salud que podrían estar afectando a quienes aún se encuentran en poder de dichos grupos armados.

Los epidemiólogos estiman los efectos del conflicto en la salud de los actores, activos o pasivos, del mismo utilizando estudios retrospectivos de mortalidad, denominados “autopsias verbales”. En términos generales, la morbimortalidad detectada en presencia de condiciones de violencia armada y exposición permanente a ambientes hostiles gira en torno a enfermedades infecciosas (infecciones respiratorias, enfermedad diarréica, tuberculosis y patologías transmitidas por picadura de insectos como la malaria, la enfermedad de Chagas y la Leishmaniasis), malnutrición, trastornos inmunológicos y lesiones traumáticas.

Por otra parte, entre las alteraciones psicoafectivas observadas con mayor frecuencia en esta misma población, se incluyen neurosis de ansiedad, episodios depresivos, alteraciones del sueño, trastornos psicóticos y síndrome de estrés post traumático.

Así las cosas y dada la importancia del estado de salud en el bienestar integral de los seres humanos, el conflicto armado representa, para muchos de nuestros compatriotas secuestrados, algunos de ellos desde hace varios años, un factor de riesgo de gran magnitud para la calidad de vida presente y futura, así como para la conservación de la misma en condiciones tan adversas como las descritas a través de los medios de comunicación.

Sí a la humanización de la guerra, sí a la posibilidad de llevar a cabo una valoración “humanitaria” del estado de salud de nuestros compatriotas secuestrados y una intervención mínima para lograr mantener la esperanza y la condición biológica y psicoafectiva requerida para garantizar la vida.

La salud, la vida y la libertad son derechos fundamentales e inalienables del individuo.