domingo, 15 de febrero de 2009

Gestión Empresarial: El poder de lo simple


Plantear que la simplicidad puede convertirse en uno de los pilares fundamentales de la gestión empresarial, en un mundo caracterizado por vertiginosos avances en la ciencia, la tecnología, la cultura y la dinámica social y económica, como resultado de la globalización y de la necesidad de los pueblos de trascender sus propias limitaciones en busca de nuevas formas de vivir, conocer, trabajar y relacionarse, puede parecer una verdadera utopía.

De hecho, para muchos pensadores contemporáneos, la realidad de un mundo globalizado en permanente evolución, sólo puede ser explicado mediante la teoría de la complejidad, cuyo concepto fundamental está representado por la emergencia de procesos, hechos u objetos multidimensionales, interactivos (retroactivos y recursivos) y con componentes de aleatoriedad, azar e indeterminación que conforman en su aprehensión grados irreductibles de incertidumbre.

Desde esa misma perspectiva, el mundo empresarial, un escenario caracterizado por grandes cambios en breves lapsos de tiempo, alta competitividad, mundialización de la economía e inmensos desequilibrios en la distribución de ingresos y en la calidad de vida, no es ajeno al paradigma emergente de la complejidad, procedente de la vanguardia de la física contemporánea, la cual contempla el universo y los sistemas físicos, biológicos, psicológicos y sociales, como un entramado dinámico y complejo de relaciones entre subsistemas interdependientes.

La integración del pensamiento complejo a la vida de las organizaciones determinó la inclusión progresiva de un paradigma caracterizado por la necesidad de considerar, analizar y gestionar cada una de las variables de los procesos empresariales desde muy diferentes enfoques, generando complicaciones, a veces exageradas en la toma de decisiones y en la implementación oportuna de las mismas frente a la realidad en que se concretan las acciones tendientes a cumplir con los objetivos de la empresa.

Es en la dirección opuesta, en la convicción que lo simple tiene un poder aún mayor que lo complejo en la gestión empresarial moderna, que planteo la tesis que lo complejo es enemigo de lo bueno, una propuesta que surge de lo postulado por Jack Trout en su libro “El poder de lo simple”, un aparente “anti tratado” de gestión empresarial basado en el hecho que muchas de las empresas más exitosas a través de la historia han fundamentado su gestión en la simplicidad aparente de sus desarollos.

Y es que los elementos que han soportado la gestión de las organizaciones durante los últimos cien años (motivación, calidad, liderazgo, dirección por objetivos, trabajo en equipo, empoderamiento, reingeniería de procesos, entre otros), se han visto superados en algún momento por la celeridad característica del mundo de los negocios, por el volumen de información que se necesita apropiar para la toma adecuada de decisiones y por las particularidades de la dinámica social y laboral.

En ese sentido, de acuerdo con lo postulado por Trout, el paso más importante en el proceso de consolidación de la gestión empresarial es tan simple como reconocer los problemas correctos e implementar las medidas requeridas para darles una solución oportuna y adecuada, entendiendo que cumplir con este objetivo implica aceptar las propias limitaciones respecto al conocimiento, estar en capacidad de priorizar las decisiones y confiar en el uso del sentido común como antídoto frente al temor a lo simple.

No obstante la aparente “simplicidad” del poder de lo simple en la gestión empresarial, la gente no suele utilizar este recurso cuando se trata de los negocios a pesar de que las ideas más simples son por la misma razón obvias ya que suelen ser reales. La desconfianza surge en ese mismo sentido, dado el convencimiento cultural que siempre existen respuestas más complejas, generalmente ocultas a los problemas cotidianos, lo cual, parafraseando a Trout, es un error si tenemos en cuenta que lo obvio para un individuo suele serlo para muchos y por tal razón las soluciones y propuestas con esa característica suelen funcionar bien en el mundo empresarial.

Es en este plano de acción en que el manejo de un volumen razonable de información, la definición de estrategias orientadas a diferenciar los productos y/o servicios ofertados por las empresas, la gestión centrada en el mantenimiento de un liderazgo con objetivos claros y metas definidas en un proceso flexible de planeación estratégica orientada a la realidad, la consolidación de una organización integrada que funcione como un todo y el compromiso permanente con la evaluación del desempeño y la búsqueda indeclinable de la calidad, representan ejemplos cotidianos del poder de lo simple y de los peligros de la complejidad en la gestión empresarial moderna.