lunes, 24 de noviembre de 2008

Prevención de complicaciones de DM a largo plazo: La modificación del etilo de vida

Las complicaciones de la diabetes son prácticamente irreversibles una vez establecidas clínicamente, por tal razón, diversos investigadores sugieren que un manejo agresivo temprano de la hiperglicemia es la mejor estrategia para revertir las alteraciones moleculares iniciales y prevenir la aparición de complicaciones sistémicas a corto y largo plazo. Algunos ensayos clínicos han demostrado que el uso de terapia insulínica intensiva para el manejo de pacientes con diabetes mellitus tipo II (DM II) evita que la hiperglicemia deje "huella" en las células blanco y disminuye el efecto tóxico del exceso de la sustancia en el organismo.

Las estrategias que soportan la implementación de un plan intensivo de tratamiento incluyen la modificación del estilo de vida, el tratamiento farmacológico y el manejo de los factores de riesgo asociados.

Modificación del estilo de vida

Los cambios en el estilo de vida son considerados un pilar fundamental de la terapia intensiva, sin embargo, una gran proporción de pacientes requiere el uso de medicamentos para lograr el control óptimo de la enfermedad. Una evaluación llevada a cabo por el Programa de Prevención de Diabetes para establecer el impacto de la disminución del peso corporal y la práctica regular de ejercicio físico frente a placebo y metformina en pacientes no diabéticos con elevación de la glicemia postprandial, demostró que una intervención agresiva del estilo de vida del paciente (disminución mayor o igual a 7% del peso corporal y tiempo de actividad física mayor o igual a 150 minutos por semana) es superior a placebo (58%) y a metformina (31%) para reducir la incidencia de diabetes y prevenir las complicaciones de la enfermedad.

Otro estudio, llevado a cabo por Hamdy y colaboradores, para determinar el efecto de la reducción de peso y la práctica de ejercicio en pacientes obesos con resistencia a la insulina demostró mejoría significativa en la función endotelial macrovascular y disminución en los marcadores selectivos de aterogénesis después de seis meses de intervención, hechos que tienen una gran relevancia en relación con la prevención de las complicaciones cardiovasculares de la diabetes mellitus.

La estabilización del peso corporal garantiza un mejor control de las cifras de glicemia, reduce el riesgo cardiovascular y puede prevenir la aparición de DM II en pacientes con prediabetes, por lo cual es considerada una de las mejores estrategias para el manejo del paciente diabético con obesidad. Una disminución moderada en la ingesta calórica (500 a 1000 calorías por día) puede asociarse con una pérdida de peso adecuada (1 a 2 libras por semana), en la gran mayoría de los pacientes, una dieta de 1000 a 1200 calorías para la mujer y 1200 a 1600 calorías para el hombre suele ser suficiente para garantizar un funcionamiento adecuado del organismo y reducir el exceso de peso.

La cantidad y el tipo de carbohidratos incluidos en la dieta determinan el nivel de glicemia postprandial y son elementos predictores de la respuesta insulínica del organismo. La utilización de estrategias de medición del efecto metabólico de la ingesta de carbohidratos (índice glicémico) puede ser una herramienta eficaz para lograr un adecuado manejo dietario del paciente diabético. Según la ADA, las dietas con restricción importante de los carbohidratos (< 130 g/día) para el manejo de la diabetes pueden generar más riesgos que beneficios, razón por la cual, se recomienda que la ingesta de carbohidratos se mantenga entre 45% y 65% del total de calorías por día.

La práctica regular de ejercicio físico es un componente clave en el manejo integral del paciente diabético con obesidad y en la prevención de la aparición de diabetes en pacientes de alto riesgo ya que garantiza el mantenimiento a largo plazo de la pérdida de peso, mejora la sensibilidad a la insulina, estabiliza las cifras de glicemia y reduce algunos factores de riesgo cardiovascular. El inicio de la actividad física debe estar acorde con el estado general del paciente y puede incrementarse progresivamente bajo supervisión médica hasta alcanzar 30 a 45 minutos de actividad aeróbica moderada entre tres y cinco días a la semana.