sábado, 11 de julio de 2009

Ética y Deontología Médica: Una aproximación histórica (II)

Reza el Antiguo Testamento (200 A.C.), en referencia al quehacer de los médicos, los siguientes versos:

Honra al médico por cuanto tienes necesidad de él; pues a él también lo instituyó Dios. De Dios procede la habilidad del médico, y del rey recibe obsequios. La ciencia del médico le eleva, y se mantiene delante de los nobles. Dios ha sacado de la tierra los remedios y un hombre inteligente no los rechazará. ¿No se endulzaron las aguas por un madero para dar a conocer a todo hombre su potencia?

Y Él ha dado al hombre el conocimiento para que se glorifique en sus poderosas obras. Con ellas el médico aplaca el dolor; asimismo, el boticario prepara sus drogas; de suerte que la obra de É1 no termina, ni el sano vivir desaparece de la faz de la tierra. Hijo, en la enfermedad no te impacientes; pero ruega a Dios, que Él te curará. Aléjate de la falta y de la parcialidad, y de todo pecado limpia el corazón, Ofrece el incienso y la oblación con el memorial, y haz sacrificios tan pingues como lo permita tu fortuna.

Mas da también lugar al médico y no se aparte de ti, pues también él te es necesario. Hay un tiempo en que el éxito está en sus manos, pues también él rogará a Dios, para que le conceda lograr el examen del enfermo y el remedio para su restablecimiento. ¡Quien peca ante su Hacedor sea abandonado a manos de médicos!