sábado, 28 de febrero de 2009

La saliva humana un antimicrobiano contra la leishmaniasis


Un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha descubierto que la histatina, un péptido antimicrobiano presente en la saliva de los seres humanos y que el organismo utiliza como primera línea de defensa frente a ciertos patógenos que ingresan por vía oral al organismo, es capaz de matar al parásito que provoca la leishmaniasis. El hallazgo abre una nueva vía de intervención contra esta enfermedad, que afecta a unos 12 millones de personas, principalmente en países en vías de desarrollo.

Péptidos antimicrobianos naturales


Los péptidos antimicrobianos (PAM) son proteínas de bajo peso molecular que desempeñan un papel de gran importancia en la respuesta inmune primaria gracias a su capacidad antiinfecciosa frente a un amplio espectro de patógenos y a los efectos regulatorios que ejercen sobre diferentes etapas de los procesos de inflamación y reparación tisular, incluyendo promoción de la quimiotaxis leucocitaria, estimulación de la angiogénesis, inducción de la síntesis de prostaglandinas, proliferación de tejido de granulación y cicatrización de heridas.1

Los PAM pueden ser clasificados en diferentes categorías de acuerdo con su estructura química pero la mayoría de ellos comparte una organización molecular característica, carga eléctrica positiva y distribución espacial amfipática, que permite la atracción eléctrica hacia las cargas negativas de las membranas microbianas por el extremo catiónico y la penetración de la fase lipídica gracias a la presencia del grupo aminoácido hidrofóbico.1, 2

Entre los péptidos antimicrobianos naturales que han sido descritos hasta la fecha se encuentran las catelicidinas, las defensinas alfa y beta, la granulisina y la dermcidina, los cuales tienen su origen en queratinocitos, mastocitos, polimorfonucleares neutrófilos, linfocitos T de memoria y asesinos naturales, en las glándulas sudoríparas, en algunas células epiteliales del pulmón, el intestino delgado y el tracto genital, así como en otros tejidos del organismo, en condiciones normales o inducidas como respuesta frente a una agresión tisular.1, 2

Las catelicidinas

Las catelicidinas son un grupo de péptidos que fueron identificados inicialmente como inhibidores de la catepsina en los neutrófilos del cerdo y encontrados posteriormente en otras especies de mamíferos desempeñando una función análoga, aunque la expresión genética de estos péptidos en el ser humano se asoció durante mucho tiempo con la presencia de inflamación dérmica, en los últimos años se ha demostrado su carácter constitutivo en algunas células especializadas de la piel y en las glándulas ecrinas.1, 2

Para cumplir con su función antimicrobiana requieren del clivaje y la activación previa mediante la acción de diferentes enzimas, tales como la proteinasa 3, dando lugar a la formación de múltiples péptidos (19 aa, 27 aa, 30 aa, 31 aa) cuyo espectro antibacteriano cubre una gran parte de los microorganismos gram positivos y gram negativos responsables de infecciones dérmicas, incluyendo el Staphylococcus aureus, uno de los patógenos de mayor frecuencia y agresividad para el sistema tegumentario humano.1, 2

Adicionalmente ejercen una acción quimiotáctica que refuerza la defensa local, promueven la síntesis de diversos componentes de la matriz extracelular por parte de fibroblastos y queratinocitos, dan lugar a la liberación de citoquinas por parte de las células especializadas de la piel y de las glándulas sudoríparas y estimulan la angiogénesis y la reparación tisular en el sitio de la inflamación. 1, 2

Las defensinas

Este grupo de antimicrobianos naturales incluye una gran diversidad de péptidos conformados por cadenas cortas de aminoácidos que contienen seis a ocho residuos de cisteína unidos por puentes disulfuro, la estructura molecular y el alineamiento de tales uniones permite la clasificación de las defensinas en alfa y beta, las cuales presentan importantes diferencias en cuanto a su estructura, su localización y su función inmunológica.1, 2

Hasta la fecha se han identificado cuatro alfa defensinas en los polimorfonucleares neutrófilos y dos en las células de Paneth del intestino delgado y en las células epiteliales del tracto urogenital femenino. Los principales efectos inmunológicos de este grupo incluyen la acción microbicida directa sobre bacterias gram positivas y gram negativas, hongos y algunos virus; el incremento en la expresión de factor de necrosis tumoral alfa y de Interleuquina 1 en monocitos activados y la disminución en la actividad de las moléculas de adhesión vascular de tipo 1. 1, 2

Las defensinas beta han sido identificadas en células de la piel, el pulmón, el intestino delgado y los polimorfonucleares neutrófilos como resultado de la expresión genética espontánea o como consecuencia de una agresión tisular. Además de su acción antibiótica de amplio espectro, las defensinas beta exhiben otros efectos que incluyen la inducción de la migración de las células T de memoria, la activación de las células dendríticas inmaduras, la liberación de histamina por parte de los mastocitos y la síntesis de prostaglandinas y otros derivados del ácido araquidónico en los tejidos inflamados.1, 2

Otros péptidos antimicrobianos

La granulisina, un péptido antimicrobiano natural que se encuentra ligado a la familia de las saposinas, está presente en forma exclusiva en los linfocitos T citotóxicos, en los asesinos naturales y en algunas células tumorales. La función inmunológica de la sustancia incluye la acción antimicrobiana directa contra bacterias gram positivas y gram negativas, micobacterias y algunos hongos así como la inducción de los genes de la apoptosis en células neoplásicas y la activación de la respuesta de rechazo frente a los transplantes.1, 2

Finalmente, la dermcidina es un péptido antimicrobiano constitutivo producido por las glándulas sudoríparas que ha demostrado acción antibacteriana frente a Escherichia coli, Enterococcus faecalis, Staphylococcus aureus y Candida albicans en condiciones de laboratorio que simulan el sudor humano, hecho que, según Garbe (2001) podría explicar la escasa frecuencia de infecciones de piel en relación con las que se presentan en otros órganos.3

Referencias Bibliográficas

1. Izadpanah A, Gallo R. Antimicrobial peptides. J Am Acad Dermatol 2005; 52: 381 - 90.
2. Gallo R, Murakami M, Ohtake T, Zaiou M. Biology and clinical relevance of naturally occurring antimicrobial peptides. J Allergy and Clin Immunol. 2002; 110 (6): 823 - 31.
3. Orellana C. Novel antibiotic found in human sweat. The Lancet Infectious Diseases. 2002; 2: 67.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Cambio Climático y Salud

De acuerdo con lo expresado por la OMS: “Los peligros que el cambio climático supone para la salud son de naturaleza diversa y mundial, y van desde el aumento del riesgo de fenómenos meteorológicos extremos hasta cambios de la dinámica de las enfermedades infecciosas. Muchas de las enfermedades más mortíferas son sensibles a las condiciones climáticas, de las que dependen su incidencia y propagación”.

En esa misma línea, la OMS agrega que “estas repercusiones afectarán de forma desproporcionada a las poblaciones vulnerables, tales como los niños pequeños, los ancianos, los enfermos, los pobres y las poblaciones aisladas, así como en zonas con enfermedades endémicas sensibles al clima, grave escasez de agua y escasa producción de alimentos; pequeños estados insulares en desarrollo y regiones montañosas, y megalópolis y zonas costeras de países en desarrollo.

Así las cosas, “las repercusiones sanitarias del cambio climático serán difícilmente reversibles en años o decenios, no obstante, muchas de esas posibles repercusiones son evitables o controlables. Hay medidas definidas en el sector sanitario y sectores conexos para reducir la exposición al cambio climático y sus efectos, por ejemplo, el control de los vectores de enfermedades, la reducción de la contaminación producida por los medios de transporte y el uso eficiente de la tierra y el agua son medidas bien conocidas de utilidad demostrada”.

Adicional a lo planteado, muchas de las medidas necesarias para evitar el cambio climático tienen efectos positivos en la salud como resultado de un mejoramiento en el estilo de vida, por ejemplo, el aumento de la utilización de la bicicleta y del transporte público, en vez de los automóviles privados, contribuirá a reducir la emisión de gases de efecto invernadero, mejorará la calidad del aire y la salud respiratoria y reducirá el número de muertes prematuras.

Tripanosomiasis: Fisiopatogenia


La tripanosomiasis es una enfermedad tropical que se presenta en forma endémica en las selvas de África y América. La variedad africana, también conocida como enfermedad del sueño, da lugar a decenas de miles de casos cada año y genera el riesgo potencial de adquirir la enfermedad en más de cincuenta millones de personas que habitan el continente africano y/o migran desde esa zona geográfica hacia otras áreas del mundo, mientras que la variedad americana o enfermedad de Chagas es una de las infecciones parasitarias más comunes en el nuevo continente generando infección aguda o crónica en una población cercana a diez millones de personas.1, 2, 3

Etiopatogenia

La enfermedad del sueño es producida por un Trypanosoma del subgénero trypanozoon, subespecie brucei, tipos rhodesiense y gambiense, los cuales son transmitidos por moscas del género Glossina, tipo tsetsé morsitans y palpalis que habitan en bosques madereros y riveras de los ríos de las sabanas de África, por otra parte, la tripanosomiasis americana es causada por el Trypanosoma cruzi, un protozoario flagelado que se encuentra diseminado en áreas tropicales de América y es transmitido a los mamíferos, incluido el hombre, a partir de la picadura y/o de la contaminación con heces de diferentes insectos del orden Hemiptera, familia reduviidae, subfamilia triatominae, comúnmente conocidos como pitos, los cuales se ubican en nidos, madrigueras y rocas donde habitan y/o se alimentan aves, mamíferos y reptiles. 1, 2, 3, 4, 5

Las moscas tsetsé se contaminan con el parásito al ingerir sangre de mamíferos infectados con tripomastigotes circulantes que se transforman, en el intestino medio del insecto, en formas procíclicas que alcanzan las glándulas salivares y se diferencian inicialmente en epimastigotes y al final en tripomastigotes metacíclicos capaces de contagiar al ser humano mediante la inoculación a través de la picadura del vector. 4, 5

La infección por T. cruzi se disemina entre diferentes especies de mamíferos, el reservorio natural de la enfermedad, a partir de la picadura de insectos que se contaminan al succionar sangre de animales o humanos en la que circulan tripomastigotes, formas parasitarias de gran movilidad, que se multiplican en el intestino medio del vector y se diferencian en epimastigotes y posteriormente en tripomastigotes metacíclicos que son excretados en la materia fecal.1, 2, 3, 4, 5

La transmisión del parásito a un nuevo huésped se produce como consecuencia del contacto de membranas mucosas o escoriaciones de piel con las heces contaminadas dando lugar a la multiplicación intracitoplasmática de las formas infecciosas y a la proliferación del parásito por invasión de los tejidos vecinos o diseminación hematógena a distancia, otras formas menos frecuentes de contagio son las transfusiones sanguíneas provenientes de portadores asintomáticos migrantes de zonas endémicas, el paso transplacentario durante el período de gestación, el transplante de órganos de donantes infectados, el consumo de alimentos crudos contaminados con heces de vectores infectados y en forma accidental durante el procesamiento de muestras de laboratorio. 1, 2, 3, 4, 5

La patogenia de la enfermedad del sueño ha sido explicada a partir de una reacción inflamatoria aguda que da lugar a la formación de una lesión tisular en el sitio de la picadura del vector infectado (chancro tripanosomal) y a la diseminación posterior de las formas infecciosas a los ganglios linfáticos regionales y al torrente circulatorio en una primera fase denominada hemolinfática, y, al sistema nervioso central, en una segunda fase conocida como meningoencefálica. El compromiso sistémico puede dar lugar a la aparición de endarteritis con inflamación perivascular, esplenomegalia congestiva, pancarditis con trastornos en el sistema de conducción eléctrica, anemia normocítica, trombocitopenia, leucocitosis, hiperproducción de IgM y en algunos casos coagulación intravascular diseminada.

Los fenómenos fisiopatológicos subyacentes a la enfermedad de Chagas han sido definidos en torno a la respuesta inflamatoria aguda desencadenada por la infección parasitaria, al daño neurológico focal subsecuente y en algunos casos a la respuesta inflamatoria crónica que puede aparecer como consecuencia de hipersensibilidad retarda o autoinmunidad. Durante la fase aguda de la patología se observa infiltración local de macrófagos y linfocitos, producción de IgM, activación del complemento, destrucción tisular localizada y cambios degenerativos residuales en los órganos comprometidos y en la fase crónica lesiones inflamatorias con fibrosis focal en el tejido nervioso, pérdida neuronal pronunciada en esófago, colon y corazón, miocarditis difusa y progresión hacia falla cardíaca congestiva. 1, 2, 3
Referencias
1. Cox F. History of sleeping sickness (African Trypanosomiasis). Infectious Disease Clinics of North America. 2004; 18 (2): 231 - 45.
2. Miles M. The discovery of Chagas disease: progress and prejudice. Infectious Disease Clinics of North America. 2004; 18 (2): 247 - 60.
3. Christie JD. Emerging Parasitic Infections. Clin Lab Med. 2004; 24 (3): 737 - 72.
4. Miles M. Chagas´disease (American Trypanosomiasis). Cohen and Powderly: Infectious Diseases, 2nd ed. Elservier. 2004: 1627 - 1632.
5. Kirchhoff L. Trypanosoma Species: Biology of Trypanosomes (American Trypanosomiasis, African Trypanosomiasis). Mendell: Principles and Practice of Infectious Diseases, 5th ed. Churchill. 2000: 2850 - 2858.

Enfermedad de Chagas en Bucaramanga


Un brote de la Enfermedad de Chagas fue notificado el pasado 23 de febrero en la ciudad de Bucaramanga, dando lugar a la muerte de una menor de edad y al contagio de cuatro de sus familiares.

Con la muerte de la niña de un año, son tres las vidas que ha cobrado la enfermedad en el departamento en los últimos dos meses, hecho que ha alertado a las autoridades respecto a la posible proliferación del insecto responsable de la transmisión del parásito, conocido popularmente como pito.

La Secretaria de Salud de Bucaramanga manifestó que aún no se ha determinado el mecanismo de contagio de la enfermedad ya que no ha sido posible la identificación de pitos en el sector de ocurrencia de los hechos.

Las otras personas infectadas, que fallecieron como consecuencia de las complicaciones de la enfermedad, habrían sido contagiadas como consecuencia del consumo de mandarinas infectadas por el parásito.

Gota: Consideraciones Terapéuticas


El abordaje del paciente con hiperuricemia y gota debe estar orientado a controlar en forma eficaz el ataque agudo de dolor, prevenir las recurrencias, minimizar o evitar la aparición de complicaciones derivadas del depósito de urato en las articulaciones o en el parénquima renal y reducir la posibilidad de alteraciones funcionales. El manejo de los individuos con hiperuricemia asintomática debe limitarse al uso de medidas no farmacológicas como la adecuación de la dieta (disminución del contenido de alimentos ricos en purinas, grasas y carbohidratos), la reducción de peso, el control de la ingesta de alcohol y el control de los factores individuales de riesgo. No se recomienda el uso de fármacos para disminuir los niveles de ácido úrico en este grupo de pacientes.

El tratamiento farmacológico es la piedra angular del manejo de los pacientes con gota. Los medicamentos disponibles para el control del ataque agudo de gota son los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), la colchicina y los corticosteroides. Los AINEs constituyen la alternativa terapéutica más utilizada alrededor del mundo en pacientes no complicados, entre los fármacos prescritos con mayor frecuencia se encuentran la indometacina, el ibuprofeno, el naproxeno, el sulindac, el piroxicam y el ketoprofeno.

Más del noventa por ciento de los cuadros de gota aguda se resuelven satisfactoriamente entre cinco y ocho días después del inicio de la terapia, sin embargo, su uso se encuentra limitado en una proporción importante de casos por su potencialidad tóxica, razón por la cual han de ser administrados con precaución en pacientes ancianos y/o con antecedentes de enfermedad péptica, insuficiencia cardiaca congestiva e insuficiencia renal crónica.

La colchicina, una droga antimitótica extraída de las raíces del colchicum autumnale, es uno de los agentes terapéuticos más antiguos en el manejo de los episodios agudos de gota. El mecanismo de acción del medicamento parece estar relacionado con el efecto antiinflamatorio que se deriva de la inhibición de la fagocitosis de los cristales de urato y del bloqueo de la liberación de los factores quimiotácticos por parte de los granulocitos. El esquema posológico recomendado consiste en la administración oral de dos tabletas iniciales seguidas de una tableta cada hora hasta que se presente mejoría del dolor o aparezcan signos de toxicidad gastrointestinal (náuseas, vómito, diarrea).

El uso de corticosteroides está indicado en los casos que no responden en forma adecuada al tratamiento con AINEs o colchicina y en aquellos casos en que existen contraindicaciones para el uso de estos medicamentos. La aplicación intraarticular es una medida terapéutica eficaz en una gran proporción de pacientes, el uso de la vía sistémica se reserva para los casos severos en que no existe otra alternativa de manejo.

La hormona adrenocorticotrópica (ACTH) también ha sido utilizada en el tratamiento de algunos casos de gota aguda con una efectividad equivalente a la de indometacina. La administración de la sustancia se encuentra restringida en pacientes que hayan recibido corticoides sistémicos en los días anteriores al inicio de la terapia. La urato oxidasa recombinante se ha convertido en una alternativa reciente para la profilaxis a corto plazo y para el manejo de la hiperuricemia asociada con el tratamiento quimioterápico de enfermedades proliferativas y con el uso de ciclosporina en receptores de transplantes alógenos.

martes, 24 de febrero de 2009

Gota: Consideraciones para el Diagnóstico


El diagnóstico de hiperuricemia se fundamenta en la sospecha clínica y en el cuadro sintomático de la enfermedad. La historia médica debe hacer énfasis en la búsqueda de factores predisponentes y/o desencadenantes de gota. Dada la estrecha relación existente con patologías comunes en la práctica cotidiana (hipertensión, diabetes, alteraciones metabólicas de base) es necesaria una valoración cuidadosa de los sistemas renal y cardiovascular.

Los exámenes paraclínicos recomendados en la evaluación inicial del paciente con hiperuricemia y gota son el cuadro hemático completo, el análisis urinario, la creatinina sérica, el nitrógeno uréico en sangre y la medición del nivel de ácido úrico. No hay indicación para la realización de pruebas de tamizaje para hiperuricemia en pacientes asintomáticos.1, 2, 3

La radiología convencional no aporta datos significativos durante las primeras etapas de la enfermedad, en fases más avanzadas es posible encontrar alteraciones inespecíficas consistentes en edema de tejidos blandos alrededor de la articulación comprometida. La presencia de erosiones óseas y/o depósitos calcáreos (tofos) es una manifestación radiológica que se presenta en pacientes no tratados o manejados en forma irregular durante un período de al menos doce años desde la aparición de los síntomas articulares. Una característica que diferencia la gota de otras alteraciones osteoarticulares es la preservación de la densidad mineral ósea aún en estados avanzados de la enfermedad.3

El diagnóstico definitivo de la patología requiere la demostración de los cristales de urato monosódico en el líquido sinovial de la articulación comprometida mediante la aspiración y el examen de bajo microscopía de luz polarizada. En el diagnóstico diferencial de esta entidad clínica se incluyen la artritis reumatoidea, la pseudogota (depósito intraarticular de cristales de pirofosfato de calcio), las espondiloartropatías, la osteoartritis degenerativa, la xantomatosis, la amiloidosis y algunos tipos de artritis séptica. Un dato adicional para la confirmación del diagnóstico de artritis gotosa lo constituye la naturaleza inflamatoria del líquido sinovial (recuento leucocitario mayor de 2000 leucocitos por milímetro cúbico) 1, 2, 3

Referencias

1. Harris M, Siegel L, Alloway J. Gout and Hyperuricemia. American Family Physician. 1999.2. Pittman J, Pharm D, Bross M.Diagnosis and Management of gout. American Family Physician. 1999.3. Monu J, Pope T. Gout: a clinical and radiological review. Radiol Clin North Am. 2004; 42 (1).